domingo, 3 de diciembre de 2023

200 años de un justo título

La Villa del Rosario y su Santa Patrona

La Capilla de Nuestra Señora del Rosario hacia 1823 (imagen hipotética)

Por Miguel Carrillo Bascary 

Corría el año 1823, Rosario era un pequeño conjunto de ranchos y de unas pocas casas que se habían nucleado espontáneamente en derredor de la capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario (valga la redundancia) a lo largo de los cien años anteriores. Pasados ya los azares de la guerra, conseguida la independencia de las Provincias Unidas, devenidas en la Confederación Argentina, gobernaba la provincia de Santa Fe el mariscal Estanislao López.

Llegado el mes de septiembre de ese año, más precisamente el día 21, los vecinos más caracterizados de entre las 1.000 personas que habitaban las pocas manzanas que circundaban la hoy plaza “25 de Mayo”, se reunieron en la “sala del señor cura y vicario del lugar”, como dice el acta levantada para constancia del acontecimiento en vías de concreción. Se hallaban presentes el comandante de la milicia de la región, Don Vicente Basualdo, así como Don Santiago Correa, juez y alcalde del partido designado por el Cabildo santafesino.

No eran tiempos fáciles, acababa de finalizar la novena dedicada “Nuestra Señora de los Ángeles”, bajo la advocación del Rosario, titular de la parroquia en la que se inscribía la población. Por medio de esa prédica se impetraba la lluvia para la tierra reseca que auguraba grandes penurias en el corto plazo, mientras que los esperanzados rosarinos se aprestaban a celebrar la fiesta religiosa que le estaba dedicada, por la que se conmemoraba la victoria en Lepanto[1] de la flota cristiana por sobre la otomana.

A despecho de estas difíciles circunstancias, confiando seguramente en que la intercesión de la Virgen María sería propicia, aquellos hombres expresaron su designio de solicitar que se conociera al poblado como “villa o ciudad”, ni más, ni menos. Sus aspiraciones no paraban en esto, también pedían la anuencia de las autoridades para jurar fidelidad a “Nuestra Señora del Rosario” como su “patrona”. Digamos que era tradición que al fundarse una población se estableciera un santo o una advocación mariana a los que se rendía especial veneración y a quienes se atribuía la gracia de mediadores para la asistencia espiritual y material de los vecinos, a falta de tal acto Rosario no contaba con ninguno de ellos.

Hasta ese momento la aldea se conocía como la “Capilla del Rosario”, por haberse formado insensiblemente en torno a la misma, sin acto alguno que consagrara esa nominación. En las deliberaciones de los reunidos en casa del cura párroco se observó que poblaciones menores, concretamente San Nicolás de los Arroyos y La Bajada (Paraná) habían obtenido reconocimientos similares y que Rosario acreditaba importantes servicios “a la causa de la libertad e independencia de la Nación y especialmente de la Provincia”. En los relatos sobre aquellos tiempos suele soslayarse qué servicios eran estos, acá me permitiré resumirlos: la contribución de la población para los gastos de la Defensa en la II Invasión Inglesa; la construcción de baterías defensivas en 1810 y 1812 y el aporte del 10% de su población masculina a la expedición al Paraguay que mandara Belgrano; la ayuda que prestó al entonces coronel San Martín previamente al combate de San Lorenzo; la adhesión  a la Revolución de Mayo, el haber soportado el incalificable incendio de 1819 con que Balcarce pretendió vengarse del apoyo rosarino a la autonomía de la Provincia; y otras muestras de patriotismo, que justificaron largamente que Belgrano encontrara el marco propicio para concebir la Bandera Nacional que presentó el 27 de febrero de 1812.

 Los reunidos debatieron y adoptaron una resolución unánime, requerir que así lo dispusiera la Junta de Representantes de la provincia (equivalente a su actual Legislatura). Si bien en el acta se consigna aspirar a ser “villa o ciudad”, no consta por qué finalmente solo se procurará el primero. Al decir del historiador Juan Álvarez[2], de ser reconocida como “ciudad” habría implicado formar un cabildo, lo que implicaba los gastos consecuentes, una pesada carga económica al vecindario que con esto se evitó.

Siete días más tarde se labró acta de lo ocurrido que, además de los funcionarios citados, firmaron: el cura párroco, Pascual Silva Braga, Juan A. Poms, Pablo Vidal, Gabriel López, Alberto Basaldúa, Pedro Pérez, Francisco Crespo, Joaquín de Ibarlucea, Miguel Ramírez, Benito Meonis, Constantino y Francisco Carbonell, José de Fuentes, Juan de Avellaneda, Ventura Corra, Tomás Romero, Marcelino Bayo, Nicolás Zamora y Francisco Vidal. Varios de estos apellidos constan en los anales de la hoy ciudad.

Siendo necesario tramitar lo pertinente, ante el Comandante del lugar y del juez Alcalde, el día 2 de octubre se dio poder al Cura Párroco, Doctor Pascual Silva Braga[3] para que actuara como representante del vecindario, con legitimidad para procurar que se lo reconociera “villa” y se declarar como “Santa Patrona a Nuestra Señora del Rosario”, en tanto ella era “objeto de nuestros afectos y culto”, según se dejó escrito.

Nuestra Señora del Rosario, aspecto original [4]

Este documento oficial implica el primer ejercicio de la potestad electoral que radicaba en los rosarinos, por lo que constituye un hito fundamental en la historia cívica de la hoy ciudad. Cabe señalar que la jurisdicción contaba con representante ante la Junta pero, en vez de confiarle tan legítima gestión, se resolvió comisionar a Silva Braga, quizás por considerar que sería mejor y más fiel ejecutor de la decisión popular, no es un detalle menor.

No perdió tiempo el investido y, como reza el escrito que presentó ante el gobernador “en nombre de este pueblo del Rosario”, formalizó su cometido, dando inicio a las actuaciones comisionadas. Ante lo razonable, oportuno y pertinente de lo peticionado el Gobernador López, que se hallaba circunstancialmente en el lugar, se expidió por formal decreto del 29 de octubre de 1823, en los siguientes términos:

“Rosario, Octubre 29/823. En vista de la justicia con que se solicita la declamatoria de Villa o Ciudad a esta población, el Gobierno la aprueba por su parte, debiendo pasar a la honorable Representación Provincial, de quien es privativo resolver sobre el particular, y extender los diplomas al efecto. [Firmaba] López.

Se patentizaba así la decisión favorable a la solicitud, pero en respeto del esquema institucional de la época, López giró el expediente a la Junta como órgano competente para resolver al respecto. La Representación se expidió mediante el documento siguiente, que tiene el carácter de ley:

 

De esta manera, el 2 de diciembre de 1823, el poblado mereció una doble distinción, se la reconoció como “villa”, o sea que adquirió el carácter que hoy implica el ser un “pueblo”, y también se dio autorización oficial para jurar como “patrona” a “Nuestra Señora del Rosario”, lo que se concretó días más tarde en solemne función a la vez, cívica y religiosa.

Es importante señalar un grave error en que suele incurrirse, cual es el de usar el título de “Villa del Rosario” para designar al poblado en fechas anteriores a 1823. Como resulta de lo expuesto, hasta ese año su apelativo usual era el de “Capilla del Rosario” o, en tono más solemne, “Capilla de Nuestra Señora del Rosario en el Pago de los Arroyos” ¿Queda en claro?

La ley de referencia consigna una declaración que cabe comentar, ya que expresa conceder a Rosario el título de Ilustre y Fiel Villa, con dependencia de esta capital de provincia”. Este tipo de calificativos era tradicional en España y sus dominios, aunque para la fecha el sentido de estas designaciones se había vaciado de contenido, atento a la declaración de la independencia nacional, no dejaba de ser un honor dispensado al vecindario. Observo aquí que se trató de una liberalidad dispuesta por la Legislatura, pero que al mismo tiempo irrogaba “recordar” a los rosarinos que su Villa quedaba sujeta a la autoridad de la capital santafesina, algo nada inocente, por cierto.

Lo demás ya es conocido: el 5 de agosto de 1852 se reconoció a Rosario como “ciudad”, contaba entonces con unos 3.500 habitantes, casi un siglo más tarde el desarrollo económico y social reuniera en su ejido medio millón de personas[5], laboriosas, emprendedoras, solidarias, llegadas desde diversas regiones del mundo para amalgamarse con las raíces criollas que le dieron origen.

Hemos visto así que han pasado ya doscientos años de que Rosario fuera reconocida como “villa” (pueblo) y que el Gobierno civil autorizara como “patrona” a Nuestra Señora del Rosario, cuya imagen histórica llegara precisamente, el 3 de mayo de 1773, hace ya doscientos cincuenta años. Ella es el más antiguo testimonio material de quienes dieron forma al laborioso pueblo hoy devenido en ciudad y que luce con orgullo su condición de “Cuna de la Bandera Nacional”.

Nota

[1] Esta decisiva batalla, que se dio el 7 de octubre de 1571, salvó a Europa del predominio musulmán y se hizo general el concepto de que se debió a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario a la que la Cristiandad se había confiado, pese al muy superior poderío de la flota enemiga. En consecuencia, surgieron las advocaciones marianas sinónimas de aquella, “María Auxilio de los cristianos” y “Nuestra Señora de la Victoria”. El Papa Clemente XI declaró el carácter “universal” de la solemnidad y a principios del s. XX sería el santo Papa Pio X quien la fijó cada 7 de octubre. Hasta esa fecha se concretaba el primer domingo de ese mes. Por esta razón, la Ley Nº2882 estableció esa fecha como “día de Rosario” y feriado local.

[2] En Historia de Rosario (1689-1939). UNR Editora/Editorial Municipal de Rosario, 1998, pp. 222/223.

[4] Aspecto que presentaba en 1823. En 1941 se la dotó de una corona preciosa (a partir de la donación de sus joyas personales que hicieron unas 850 señoras y señoritas) y de un aura, también se cambió de posisición del Divino Niño. Fue confeccionada en Cádiz, es una imagen "de vestir" construida en madera de sándalo, tiene rostro y manos de cerñamica y cabello natural. Con el agregado de la corona y de su base hoy mide un metro con un centímetro.

[5] El Censo Nacional de 1947 computó 467.937 habitantes para la ciudad de Rosario.

Nota: mayores referencias pueden verse en https://banderasargentinas.blogspot.com/2023/01/1823-rosario-reconocida-como-villa.html

domingo, 26 de noviembre de 2023

1922: Por una Córdoba Idependiente

Épico proyecto del diputado electo por el Partido Bromosódico

 
El joven Enrique Badessich

Corría el 18 de julio de 1984, Argentina acababa de recuperar la plenitud democrática y la calle ardía de compromiso cívico. La esperanza teñía de verde los pensamientos de todos los argentinos. En este marco al que considero que no cabe agregar más, el matutino “La Capital” (Rosario) publicó una colaboración de Raúl A. Zárate, sobre el que lamento no poder aportar mayores datos, aunque sin dudas tenía sobrados quilates para que el periódico abriera sus columnas a una nota surgida de su pluma.

En aquellas tres columnas (foto incluida) el autor trajo al entonces presente la rutilante y, en principio exitosa carrera política del joven Enrique Badessich (1896-1961) que llegó a conquistar una banca de diputado por la minoría en la Legislatura de Córdoba. Sus amigos lo apoyaron dando forma al que inicialmente se llamó “Partido Liberal Progresista”, al que sus electores gustaron llamar “Bromosódico” en honor a la trayectoria de estudiante de Medicina que ocupó el primer lugar en la lista de candidatos.

Se trataba de un auténtico outsider, quien entre otras propuestas de vanguardia auspiciaba la independencia de Córdoba para constituir un estado independiente. ¡Si tal cuál se lee! Al decir de Raúl Zárate que bien sabía de esas cosas.

Por su fuera poco también promovía la supresión del Ejército y ¡el amor libre! Además auspiciaba acortar el largo de las sotanas de los sacerdotes para confeccionar “ropa para los niños pobres” con la porción sobrante.

El joven tucumano abandonó transitoriamente los libros con los que estudiaba para dedicarse a la política con alma y vida, impulsado por su porte y prestancia, su elegancia y la fina percepción del sentir del pueblo. Bueno, al menos de una buena parte del mismo, hasta el punto que una porción suficiente del electorado cordobés se embarcó en su apoyo votándolo en el cuarto oscuro.

Llegado el día de los comicios resultó triunfador el Partido Conservador, pero en segunda posición se ubicó el nuevo nucleamiento, con lo que Badessich ganó legítimamente el derech0 de representar a sus fieles seguidores ocupando la banca puesta en juego.

Sin embargo, nada estaba logrado, “oscuras fuerzas” se complotaron contra él y, pese a su florida verba y sus grandes esfuerzos encontró insalvables valladares. Los detalles de su “épica” lucha pueden verse en el recorte que copio más abajo.

En 1928 incursionó en la política de Rosario, esta vez desde las filas de una fracción minoritaria de la Unión Cívica Radical,  la Antipersonalista (opuesta a Hipólito Yrigoyen). Fue entonces la ciudad llegó a conocer ese verdadero dandy, quien de traje y sombrero (como era de rigor en aquellos tiempos, aún para ir a la cacha o al hipódromo) pretendió inflamar a las masas de rosarinos al par que acompañaba sus palabras manipulando un elegante bastón para acentuar sus públicas denuncias. En la misma fundó dos periódicos, que sus detractores calificaron como pasquines, uno lo llamó “El Quijote”; mientras que pasado ya a la tendencia mayoritaria de su nuevo partido, fundó otro al que nominó “Yrigoyen”.

Abandonados sus estudios universitarios, se lo registra como telegrafista prestando servicio en la estación argentina de Gritviken (Georgias del Sur), cargo que desempeño por tres largos años. Al parecer, las bajas temperaturas no lograron calmar su creatividad ni su imaginación calenturienta. Cuenta la crónica que el 15 de octubre de 1945 presentó un habeas corpus procurando la libertad de Perón, detenido por aquellos días, y que a lo largo de su vida afrontó varias denuncias de las que fue sobreseído.  

Algunos dicen que fue un “lindo loco”, para otros fue en “loco manso”, algunos más lo reivindican como “un rebelde contestatario”. Eso sí, no hay dudas de que un personaje pintoresco, por donde se lo mire.


Como verán, con mucho gusto me permito compartirles esta página del ayer, que nos legara Raúl A. Zárate como reflejo de un tiempo casi centenario.

M.C.B.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Luz entre las sombras

Un momento místico

 

Día: 10 de octubre del año 2023

Hora: 16.33hs.

Lugar: Iglesia Catedral de Rosario (Argentina)

Descripción:

Con el templo a oscuras un rayo de sol que desciende desde el tambor de la cúpula impacta sobre la imagen histórica de Nuestra Señora del Rosario, llegada en 1773 y reconocida oficialmente como fundadora y patrona de la ciudad, ya que no tuvo fundación formal. Al fondo se ve el magnífico retablo del antiguo Altar Mayor (consagrado en 1910)

Algo más: la presencia de Dios en el silencio

Algo más, todavía: la pequeñez del yo.

Nuestra Señora del Rosario (detalle de la imagen histórica)

M.C.B.

jueves, 12 de octubre de 2023

Mons. Eduardo Mirás - Arzobispo de Rosario

 Pastor de almas comprometido con su tiempo

Por Miguel Carrillo Bascary 

El 24 de febrero se conoció que el arzobispo emérito (retirado) de Rosario, Mons. Eduardo Vicente Mirás volvió a la Casa del Señor. Su avanzada edad (92 años) y la prolongada neumonía derivada de haber contraído coronavirus fueron la causa del deceso. La noticia fue recibida con lógico pesar por quienes lo conocieron y prueba de ello fue el incesante paso por su capilla ardiente de mucha gente que quiso testimoniarle su reconocimiento y cariño. 

Correspondieron a Mirás grandes responsabilidades en las distintas funciones que cumplió durante su vida. A todas las desempeñó con altura testimoniando la solidez de su fe, la humildad de su persona y de sus maneras, también con una serena alegría que permanentemente sirvió de estímulo a cuantos lo trataron. Obló su lúcida inteligencia en numerosas actividades, su voluntad se impuso a las debilidades inherentes a toda persona y evidenció un señalado espíritu de servicio bajo el signo de la caridad. 

Ya retirado de sus elevadas funciones los rosarinos sabíamos verlo con frecuencia, transitando por las calles de la ciudad como una persona más, con la humildad de los grandes de espíritu. Vestía siempre su clerimán[1] y a despecho de las serias dolencias que lo limitaron visitaba enfermos, celebraba la Eucaristía y cumplía otras ocupaciones.

Quienes lo reconocían solían comentar respetuosamente haberse cruzado con el arzobispo Mirás, como una circunstancia merecedora de ser mencionada ante familiares y conocidos. 

Estas no son palabras de circunstancias, sino que se trata de pobre intento de caracterizar la entrega de Mons. Mirás a su ministerio y su compromiso con la dignidad humana. 

Las exequias 

En el curso de la mañana de hoy la Catedral de Rosario mostró un aspecto inusitado. Todas sus puertas se hallaban abiertas de par en par, para recibir a cuantos quisieran “despedir” a quien supo ser un buen pastor. En el crucero del templo un despojado ataúd albergaba los restos mortales de Monseñor, una sencilla mitra[2] descansaba sobre el pecho, también el palio[3] y a sus pies podía verse un recio báculo[4] de madera al natural. Sin ningún protocolo, algunos fieles oraban mientras otros se acercaban para musitar silenciosas oraciones y expresar un momento de humano pesar, al par que una acción de gracias por el ejemplo que dejara el fallecido. Eran personas de toda condición social que hicieron un alto en su jornada para llegarse al lugar, entre ellos también hubo quienes no se reconocen como fieles católicos. 

Los atributos episcopales sobre el cajón que contiene los restos del fallecido

A las 8,45 horas se celebró una “misa de cuerpo presente[5]” y otra más a partir de las 11, esta última la concelebró el actual arzobispo de Rosario, Mons. Eduardo Martin, acompañado de otros obispos, numeroso clero y de notoria cantidad de presentes. Posteriormente se cumplieron los ritos exequiales y los restos se depositaron en un túmulo preparado al efecto, ubicado en la capilla dedicada al Sagrado Corazón[6]. 

Todo se concretó en un marco de notoria sobriedad, de un recogido silencio y con la serena la alegría de que quien en vida se llamó Eduardo Vicente Mirás se halla ya en la eternidad de la presencia de Dios y en compañía de quienes ya cumplieron su paso por este mundo terrenal. 

Pero, ¿quién era Eduardo Mirás? 

Solemos creer que conocemos a las personas que de una u otra forma se nos cruzan en nuestro camino o que de las que tenemos noticias por los medios. Sin embargo, es poco, muy poco lo que realmente sabemos. Por eso es oportuno reseñar al menos algunas pinceladas, de la vida de Mons. Mirás, como forma de valorizar el protagonismo de que le cupo en la historia de la ciudad y, por qué no, de nuestro país y de la Iglesia. 

Nació el 14 de noviembre de 1929 en la Capital Federal. Hizo sus estudios primarios en el colegio franciscano “San Antonio de Padua”, donde tempranamente manifestó su vocación religiosa, como que entre 1941 y1952, cursó su preparación presbiteral en el Seminario Inmaculada Concepción, de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Fue ordenado sacerdote el 3 de agosto de 1952. Continuó su preparación intelectual y cinco años más tarde alcanzó el doctorado en la Facultad de Teología de Villa Devoto. 

Reseñar su actuación pastoral demandaría un considerable espacio por lo que solo mencionaremos los principales. Mirás fue vicario cooperador de la parroquia de San José de Flores (1953-1955) y en la de Nuestra Señora del Pilar (1959-1963), también vice-asesor nacional de la de la Juventud de la Acción Católica (1958-1960). Desde 1957 a 1993 se desempeñó y presidió la Comisión de Fe y Cultura. Posteriormente actuó como miembro del Consejo Presbiteral y del Consejo de Consultores de la Arquidiócesis de Bs. Aires y como capellán de las Hijas de la Misericordia. 

Desde 1958 se desempeñó como profesor de Teología Dogmática en la Universidad Católica Argentina (Bs. Aires), casa de la que fue secretario académico entre 1968 y 1984, un cargo que dejó para desempeñarse hasta 1990 como vicario episcopal de la zona de Villa Devoto. El santo papa Juan Pablo II lo consagró como obispo titular de Ambía y auxiliar de Buenos Aires el 1 de marzo de 1984, al par que fue delegado ante el Pontificio Consejo para la Cultura. Desde el año anterior era juez adjunto del Tribunal Nacional Eclesiástico. En el ámbito del Episcopado argentino, integró las Comisiones de Fe y Cultura, de Educación y de la Univ. Católica de Bs. Aires. También del equipo de Teología y de la comisión especial para los 500 años de la Evangelización en América. 

Mons. Mirás fue designado como auxiliar (vicario general) del Arzobispo de Bs. Aires, desde el 22 de setiembre de 1990. Atento a sus relevantes condiciones, el papa Juan Pablo II le confió el Arzobispo de Rosario, del que tomó en posesión el 11 de marzo de 1994 y al que renunció en el año 2005 por haber alcanzado el límite de edad que prescriben las normas vigentes. Permaneció viviendo en la ciudad realizando diversas tareas pastorales y habitó hasta su última enfermedad en un pequeño departamento en cercanías de la ex estación Rosario Central. 

Su perfil de neta formación intelectual se caracterizó por una permanente disponibilidad y su gusto por confraternizar con la gente de toda condición. Su personalidad llamó fuertemente la atención pública de la ciudad cuando los disturbios sociales del año 2001 donde expuso su vida para intentar pacificar los enfrentamientos que azotaron a Rosario. Al decir de las crónicas, su presencia en tan dramáticas circunstancias evitó mucho dolor en las familias rosarinas. 

Las homilías de Mons. Mirás solían ser de hondo contenido pastoral y de notable compromiso con la realidad. En numerosas circunstancias denunció las injusticias laborales, las prebendas políticas, la inacción gubernativa, los negativos efectos del desempleo, bregó por la dignidad de las mujeres, promovió acciones en favor de la niñez más desprotegida y de los migrantes, señaló el avance del narcotráfico, también abogó contra el aborto y en pro del respeto a los ancianos; circunstancias que destacamos aquí sin adentrarnos en temas propios de su función episcopal. En las relaciones con sus hermanos sacerdotes hay coincidencia de que fue un pastor presente y un verdadero ejemplo a seguir. 

A poco de asumir en Rosario canalizó su experiencia en materia cultural promoviendo una necesaria restauración de varios templos de la Arquidiócesis, entre los que se hallaba histórica Catedral de la ciudad. 

Entre noviembre de 2002 y el mismo mes del año 2005, Mons. Mirás presidió Conferencia Episcopal Argentina, que reúne a los obispos titulares de la república. Como muestra de la importancia de su gestión cabe mencionar que Mons. Jorge Bergoglio era vicepresidente. Anteriormente el fallecido se había desempeñado como vicepresidente del Episcopado argentino. 

Su escudo y el lema que lo guiaron

Es una antigua costumbre de la Iglesia que los obispos tengan un escudo que evidencie una suerte de compromiso o de proyecto de su actuación pastoral posterior. El de Mons. Mirás, es muy simple, acorde a su humilde personalidad. Fue de color de plata y, como ofrenda de servicio, se destaca en azul, el monograma de Cristo, símbolo de la verdad de salvación. Estos colores significan inocencia, transparencia, virtud y sabiduría. La cruz de dos travesaños señala su desempeño al frente del arzobispado de Rosario.

También es tradicional que se defina un lema, que es como una plegaria a Dios para que lo asista en su misión de trasmitir el mensaje de salvación que expuso Ntro. Señor Jesucristo. Mons. Mirás, adoptó el de “Jesús es al Hijo de Dios”, que se basa en la Primera Epístola de San Juan (capítulo 4, versículo15) que dice: “Quién confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanecerá en él y él en Dios”. 

Analizando la vida del fallecido concluiremos que hizo honor al compromiso que expresó en ambos atributos.


Notas:

[2] Cubrecabezas que utilizan los obispos durante las ceremonias litúrgicas. Una suerte de birrete con su parte frontal y trasera rígida, de aspecto triangular.

[3] Ornamento tradicional en forma de cinta que abraza el cuello de los obispos, como símbolo de su función de pastor de almas. Representa a la oveja perdida que según el relato evangélico lleva sobre sus hombros el buen pastor luego de rescatarla de sus vicisitudes.

[4] El báculo o bastón episcopal remite al que usaban los antiguos pastores para apacentar a sus rebaños, una imagen que perdura en el que emplean desde hace aproximadamente el siglo VII los obispos como emblema de su ministerio y de su función de conducir a la grey que les ha sido confiada. Consta de un palo y de un cayado o voluta, lo que les otorga su aspecto característico; pueden ejecutarse de diversos materiales.

[5] Misa de cuerpo presente o exequial, se trata del sacrificio eucarístico celebrado en presencia del cuerpo de un difunto.

[6] En Argentina los enterratorios dentro de los templos están vedados desde el año 1810 pero, como excepción se admite el procedimiento en el caso de obispos, fundadores de congregaciones y tratándose de bienhechores. En la catedral de Rosario están sepultos los restos mortales de sus ex obispos y arzobispos: Guillermo Bolatti (+1982), Silvino Martínez (+1961) y Jorge López (+2006).

lunes, 9 de octubre de 2023

Brillante y polifacético profesional de Rosario

El Doctor Roberto Siquot

Por Miguel Carrillo Bascary

Una figura de relevancia en la Medicina fue la del doctor Roberto Agustín Siquot”, así comenzó su recuerdo el diario “La Capital”, cuando dio a conocer la triste noticia de su fallecimiento.

El “Dr. Siquot”, como respetuosamente le decían sus pacientes, tenía una mirada celeste, diáfana, que mostraba por detrás de sus anteojos de fino marco. Su hablar era pausado, lo que aportaba gran seguridad a sus palabras. Cuando lo conocí, su cabellera era prácticamente blanca, tanto como la chaquetilla que vestía, invariablemente. 

El Dr. Siquot era médico de niños, pediatra como se les dijo cuándo debieron dejar las visitas domiciliarias para recluirse en los impersonales consultorios de clínicas, hospitales y sanatorios, seguramente que muy a pesar de su vocación. Fue un paradigma de aquellas generaciones de médicos que visitaban a sus pacientes, él lo hacía conduciendo personalmente su automóvil. Se acompañaba de un gran maletín en el que no faltaba el estetoscopio y un pequeño termómetro con cabeza de oro. No podían faltar tampoco decenas de “muestras gratis”, que repartía a porfía a las preocupadas madres apostadas ante las camas de sus pequeños hijos.

Las familias esperaban ansiosamente al Dr. Siquot, como si su sola presencia paliara los síntomas de los pequeños pacientes. Estos tampoco eran indiferentes, su llegada grave y tranquila, ayudaba a pasar los malos momentos que implicaba extender la lengua, sentir el tacto que fuera necesario y los minutos que le llevaba tomar la temperatura, mientras su palabra amable intentaba desdramatizar el cuadro. Cuando se retiraba parecía dejar una sensación de pronta mejoría, a condición de cumplir sus prescripciones. Ahí aparecía lo peor, el terror a la purga con “leche de magnesia Phillips” y, si el caso pintaba para grave, las consabidas enemas, un espanto para todo chico. Claro que, se sabía, esto no era culpa del Doctor sino del paciente que se había atracado comiendo “porquerías”. 

Otras veces la cosa era más compleja, ni bien comenzaban la escolaridad los niños llegaba el indefectible calvario de las enfermedades eruptivas que se manifestaban con una altísima fiebre: la varicela, el sarampión, la rubeola, la temible escarlatina y otras más. Pocos años antes el maldito genio de la parálisis infantil había hecho estragos entre los niños de Rosario, dejando una secuela perenne que marcó a toda una generación, ahí estuvo el Dr. Siquot asistiendo a las víctimas y a sus preocupadas familias. Por supuesto que el Doctor atendía en su consultorio los consabidos controles, se ubicaba en la planta baja de su casa, que todavía subsiste con señorial presencia sobre la calle Córdoba, frente a la plaza “San Martín”. Una secuela de las visitas era la prescripción de vitaminas, algún tónico (siempre asqueroso) en caso de ser necesario y las indefectibles vacunas, que se aplicaban con jeringas de vidrio armadas de gruesas lancetas.

Pero, dejemos estas anécdotas que hacen a la caracterización del facultativo, los invito a centrarnos en algunas referencias que permitirán vislumbrar la grandeza de su trayecto vital. Roberto Siquot había nacido en San Nicolás de los Arroyos en 1892. Con 24 años obtuvo su título en la Universidad de Buenos Aires y lo hizo con “medalla de oro”, lo que manifestó tempranamente sus quilates profesionales. Poco más tarde los que haría fructificar. Por si la distinción fuera escasa también fue laureado con el premio “Eduardo Wilde”, que se discierne al mejor trabajo o tesis sobre Medicina Legal que se haya presentado en el año anterior.

Centró su ejercicio profesional en Rosario, primeramente como jefe adjunto del servicio de “Medicina de Niños”, en el “Hospital Español”, una institución progresista y señera insertada profundamente en el tejido social de la ciudad. Su actividad no se limitó al diagnóstico y a la terapéutica, se extendió apasionadamente a la formación de generaciones de discípulos y a la muy necesaria educación para la salud, que debía ilustrar las madres en beneficio de la niñez rosarina, ya que era mucha la ignorancia y también las supersticiones. En 1922 asumió la responsabilidad de actuar de conducir el servicio de Medicina General en aquel nosocomio. Su actividad era incesante y las responsabilidades que cargaba sobre sus espaldas resultaban cada vez mayores. Así, en 1942 fue designado director del Hospital y, también de su anexo, del sanatorio “Covadonga”, cargos que desempeñó a lo largo de tres décadas.

Como si todo esto fuera poco quiso multiplicar su actuación en el campo de lo que hoy se conoce como la “Medicina Social” y a sus desvelos en El Español” sumó la dirección del “Hospital Nacional del Centenario”, que por entonces brillaba como nosocomio escuela que servía a una amplísima zona de influencia e impulsaba sus desarrollos científicos a nivel internacional. Eran tiempos en que la politiquería y el sindicalismo sectario respetaban el dolor de los enfermos y  no se inmiscuían en el desempeño de los médicos, que llevaban adelante su labor con medios que hoy nos parecen heroicos.

La actuación del Dr. Siquot se proyectó más allá de su accionar profesional. Con otros grandes médicos de su generación, como el Dr. David Staffieri, por solo citar un caso, fundó el “Colegio Médico”, del que fue su primer presidente, una función para que sería reelecto por dos veces. También la “Sociedad de Pediatría de Rosario” lo contó entre sus fundadores y directivos.

Convencido de que el compromiso con realidad se lo demandaba, intentó coadyuvar a forjar una mejor sociedad desde la esfera política. Así, se sumó como parte activa del entonces poderoso Partido Demócrata Progresista donde, con gran espíritu de servicio, replicó los esfuerzos que había empeñado en la Medicina. Fue concejal de la ciudad de Rosario y en 1962 se desempeñó como miembro de la Convención Reformadora de la Constitución provincial de Santa Fe.

Casado en su juventud, su esposa fue un puntal de su multifacética vida; juntos adoptaron a dos niños a los que dispensó profundo amor. Falleció el sábado 16 de septiembre de 1973.

Para quienes lo hayan conocido su foto, la mejor que me ha sido posible conseguir, es innecesaria; para quienes no hayan tenido la fortuna, queda reseñado su ejemplo. Modesto testimonio de gratitud y sincera estima.

jueves, 10 de agosto de 2023

Entrevista a Luciana Aymar, la Número 1

Una leyenda que nació en Rosario

 


Por Miguel Carrillo Bascary

Comenzando

Escribir sobre Luciana es como hacerlo sobre Messi, su trayectoria excede de todo calificativo tanto en lo deportivo como en lo humano. Pareciera que todo está dicho, pero siempre es posible agregar algo más.

Tuve el privilegio de reportear a Lucha cuando integré el equipo de especialistas que elaboró el libro “El Jockey Club de Rosario, nuestra historia[1]”. Se trata de una publicación no comercial, dedicada a los asociados de la institución, por lo que considero válido dar a conocer el pensamiento íntimo de Lucha sobre algunos aspectos poco conocidos de su experiencia vital. 

Quienes alguna vez tuvieron un palo de Hockey sobre césped en sus manos y decenas de miles de aquellos que apenas conocen del juego, conocen a “Lucha”, la indiscutida.

Nació en Rosario (Argentina), el 10 de agosto de 1977. Sus primeros contactos con la bocha los concretó en su ciudad natal, jugando para el Club Atlético Fisherton desde sus 7 años, pero poco después pasó al Jockey Club de Rosario donde maduró su formación, al que entró a jugar cuando tenía trece años.

Después siguieron años de esfuerzos, de superación personal, de crecimiento y madurez, con enormes éxitos y también amargos fracasos que la forjaron en el fuego de la competencia de alto rendimiento. 

Sus números

Como síntesis vale la pena detenerse en algunos datos como que fue ocho veces destacada como la “mejor jugadora del mundo” (2001, 2004, 2005, 2013 y en cuatro consecutivas de 2007 a 2010).

Fue capitana de la Selección Argentina de Hockey (“Las Leonas”) entre 2009 y 2014. En este combinado revistó por 16 años y con el mismo se consagró campeona del mundo en el 2002 y 2010.

Obtuvo dos medallas olímpicas de plata (2000 y 2012) y dos de bronce (2004 y 2018). Otras tres, de oro, en los “Juegos Panamericanos” de 1999, 2003 y 2007.

También triunfó seis veces en el “Champions Trophy” (2001, 2008, 2009, 2010, 2012 y 2014) y fue elegida como “mejor jugadora del torneo” en decenas de competiciones internacionales.

Por estos méritos, la Federación Internacional de Hockey la declaró “leyenda del hockey”, en el año 2008.

Luciana tuvo el orgullo de ser abanderada de la delegación argentina en los “Juegos Panamericanos” de Río de Janeiro (2007) y en los "Juegos Olímpicos" de Londres (2012)

Se retiró el 7 de diciembre de 2014 a los treinta y siete años, cuando conquistó su sexto “Champions Trophy”; repitiendo sus logros de 2001, 2008, 2009, 2010 y 2012.

Su club, el Jockey de Rosario la distinguió seis veces como la “mejor deportista de la entidad” (1998 y del 2000 al 2004). 

Sus respuestas

¿Qué sentiste cuando entraste por primera vez al Jockey Club de Rosario?

Lucha: Se me hizo muy difícil. En ese momento también estaba cambiando de colegio y sentía melancolía por alejarme de mis amigas, de mi anterior club y de mi escuela. También siento que, antes de entrar al Club, hubo un prejuicio de mi parte porque pensaba que no iba a tener aceptación y por haber tantas jugadoras y entrenadoras, no me iban a tener en cuenta. De mi parte soy consciente, y siempre me lo recriminan mis amigas del Jockey, que no tenía una buena predisposición para integrarme, ni tampoco, para asumir las responsabilidades del grupo. Lamento esos prejuicios que me llevaban a alejarme, en vez de buscar amistades. Fue todo lo contrario desde el momento que entré al Club. Tanto los entrenadores como muchas compañeras, que en la actualidad son mis grandes amigas y con las cuales compartimos muchos años de cancha y muchos torneos, intentaban permanentemente integrarme para que me sintiera cómoda. A medida que pasó el tiempo la insistencia de mis compañeras y la estrategia de mis entrenadores ganó; de a poco me fui integrado, haciendo buenas amigas y disfrutando el deporte que tanto amaba.

También me sentía un poco intimidada por la inmensidad del Club, por todas sus instalaciones, la enormidad de sus parques que me transportaban a un lugar mágico, con sus árboles y su verde. No podía creer que un Club tuviera tantas piletas y que uno pudiera disfrutar de todas. Creo que hasta el día de hoy esa intimidación no se me fue, sigo sintiendo que es el Club más lindo que conocí y me sigue intimidando. Disfruto de sus espacios verdes, de sus árboles, sus instalaciones, sus piletas y de ver como los chicos disfrutan de todo eso. 

¿Qué le aportó el paso por el Jockey Club a tu Carrera?

Lucha: Apenas ingresé al Club, al poco tiempo de haber jugado algunos partidos, me citaron para la Selección Argentina. Otro desafío más, recién estaba sintiendo que me estaba integrando al Club y a un colegio nuevo con nuevas compañeras, y ahora debía enfrentar el duelo de tener que ir a entrenar con otras chicas. Nada fácil para mi forma de ser introvertida. Pero con el empujón de mis padres, la confianza y el apoyo de mis compañeras y entrenadores del Club, tuve el coraje de aceptar y de empezar a viajar. Soy bien consciente que el Jockey fue el conducto para poder llegar a mi primera convocatoria a la Selección.

En el Club me entrenaron con disciplina y eso genera respeto. Mejoré mi juego colectivo y mis actitudes dentro del campo. Con el tiempo, cuando los viajes se hicieron cada vez más frecuentes, el Club también ayudó en lo económico, con los pasajes para el colectivo. En lo económico quizás puede ser algo insignificante para el Club, pero lo importante es el gesto que tuvieron para con una jugadora que venía de otro y que estaba dando sus primeros pasos en la Selección.

Con el correr del tiempo, una vez que habían transcurrido varios años en la Selección, teniendo la cancha de sintético que tantos años nos había costado, muchos integrantes del Club (jugadoras, gente de la Subcomisión de Hockey, el presidente de entonces, y los fanáticos del Hockey) empezaron a hacer todo lo posible para que “las Leonas” jugáramos partidos internaciones en esa cancha, una de las más lindas de Argentina. Por supuesto, fue un sueño que se hizo realidad “Las Leonas” de ese momento estaban anonadadas con el Club y con la amabilidad y respeto con que se las recibía. No solo pudimos concretar un partido internacional, jugamos el “Cuatro Naciones” y hasta el “Champions Trophy”. Soy una agradecida por haber tenido esa oportunidad de jugar en mi Club con la Selección, recuerdos que son inolvidables. Soy consciente de todo el esfuerzo que se hizo para lograrlo, también me da mucho orgullo como deportista, haber conseguido que un Club se movilice tanto para lograr todas esas metas. Eso generó mucho entusiasmo para todos los jugadores de Hockey e incentivó a muchas chicas y chicos para comenzar en este deporte. 

¿Puedes nombrar alguien que conociste en el Jockey que recuerdes con especial cariño?

Lucha: La verdad es que tengo muchas personas que recuerdo con especial cariño, la mayoría las veo o tengo contacto vía online, cuando tengo oportunidad: compañeras, entrenadores, preparadores físicos, dirigentes, jugadoras que siempre me dieron la oportunidad de entrenar con ellas. Todos tuvieron incidencia en mi carrera, cada uno desde su lugar ayudando para que el hockey creciera y para que en mi caso pudiera cumplir mis sueños como jugadora de la Selección. No puedo dejar de mencionar a Jorge Trevisán, que ya hace tres años que no está con nosotros. Lo recuerdo como un entrenador estricto, disciplinado y con mucho amor por su trabajo, buscaba la perfección en sus equipos y para mí fue una persona muy especial, a la cual admiré, aprendí de ella y respeté mucho. 

¿Qué sentís cuando volvés al Jockey Club?

Lucha: Es una mezcla de sensaciones. Sé que es una frase armada, pero es la realidad. Cada vez que entro me genera un poco de nostalgia, quizás porque no estoy viviendo en el país y voy muy pocas veces, pero siempre trato de darme una vuelta por todo el Club; ver las cosas que se hicieron nuevas; disfruto de su verde y de sus árboles; de ver a la gente, tanto grande como chicos, disfrutar de cada lugar. Por supuesto, siempre termino en mi querido Jockey disfrutando del partido que se esté jugando en el momento y tomando algo con mis amigas. Ir al Club me genera recuerdos muy lindos, y siempre me pregunto por qué no volver a jugar con ese grupo alocado de amigas que siguen en actividad y disfrutando del estar juntas nada más. 

¿Cuál fue tu mejor partido en las canchas del Jockey?

Lucha: Hubo muchos partidos muy lindos, sería muy difícil de elegir uno en particular. Tuve partidos increíbles en esa cancha, tanto con la camiseta del Club como con la de la Selección. Ganamos una “Champions Trophy” en esa cancha, cuando se retiraban “Cacho” Vigil y Vanina Onetto. Recuerdo mi primer partido internacional con la camiseta argentina jugado en esa cancha contra Sudáfrica. Fue muy emocionante por lo que significó y porque pude brindar un lindo espectáculo para mi gente.

Recuerdo también un partido cuando con las chicas ganamos la “Liga Argentina”, que disputamos contra “Ciudad de Buenos Aires” y terminamos con festejos en la cancha y muchas banderas que habíamos armado previamente. Ganamos el campeonato 2002 disputando el último partido del torneo contra Old Resian en esa cancha, que hoy tengo el placer que lleve mi nombre. Me siento honrada porque me generaba mucha felicidad al entrar, en la cual pude hacer grandes amigas y competir con jugadoras extraordinarias. El Club me dio muchas satisfacciones. 

¿Si vivieras en Rosario en qué deporte inscribirías a tus hijos?

Lucha: En principio no dudaría: en Hockey y Tenis, porque son los deportes de sus padres, pero siempre estaría atenta en ver y escuchar las necesidades de mis hijos. Si ellos en algún instante se interesan en practicar cualquier otro deporte, no dudaría en llevarlos.

 

 


[1] Autores: Sebastián Alonso, Ricardo Miranda y Miguel Carrillo Bascary. Rosario. 2022.   672 pág. ISBN 978-987-4-6

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